Bajé las escaleras del piso de arriba apresuradamente; no me di cuenta hasta que había salido, de que había empezado a llorar con dignidad. Tenía las manos manchadas de sangre, también mi camisa y también mi esperanza. El señor Trallaway no tardaría en volver así que por un momento mi ser dejó a un lado el miedo, y potenció mi capacidad para correr. Pero no tenía dirección alguna. Nunca más volvería a tenerla.

Había matado, y eso me convertía en un asesino. Pero yo no era un asesino. En todo caso, vengador. Al llegar a la casita de herramientas la lluvia arrancó a acariciar mi frente, y mis dudas. Había cometido errores. Demasiados: la sangre, las huellas, la venganza.

Aún así algo había cambiado en mí. Ésa inquietud con efectos de rabia había sanado. Algo me hacía sentir lleno.

Se dice que cuando uno tiene un problema, goza a la vez de distintas opciones. Puedes evitarlo, y eres un cobarde. Puedes convivir con él, y te conviertes en un mártir. Puedes ignorarlo y te sientes imbécil. Pero la mejor opción es, según dicen, enfrentarte a él.
Yo lo maté; no suelo respetar los tópicos.

- Ah, buenos días mr. Trallaway.
- ¡Buenos días! Bonita mañana…
- Eso espero.
- ¿Algo anda mal? ¿Es por los dichosos arbustos de detrás? No se preocupe, con paciencia estoy segur…
- No. Los arbustos están perfectos, gracias por preguntar. Salude al señor de mi parte.
- Puede entrar usted mismo a hacer eso.
- No se preocupe; tengo la impresión de que no le apetece verme hoy.

(Tengo la impresión de que no le volveré a ver nunca).
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Aquesta cançó m'inspira textos àcids, crus... o fotografies com aquesta:

És de Philip Glass (la cançó) i la vaig descobrir a "The Hours" de Stephen Daldry.




Llovía.

Llovía. Suaves gotas acariciaban su piel. Dulces, ligeras. Andaba lentamente, despreocupado. Su ropa empezaba a humedecerse, a quedarse pegada en su cuerpo. Miraba al suelo. Contaba levemente los pasos que hacía. Se descontaba y volvía a empezar. Recordaba todo lo que encontraba en el suelo. Tres colillas. Papel de chicle. Un cartón de tabaco. Observaba las calles vacías. Gente corriendo tapando sus cabezas con inofensivos abrigos o trapos mojados. Un mendigo temblaba bajo una caja de cartón. Los edificios lo miraban indiferente, y de vez en cuando, su reflejo le sorprendía con una cara seria, concentrada. El metro. Impaciencia, empujones. Todo el mundo queriendo llegar antes, entrar primero. Sillas vacías que se llenan. Sillas llenas que siguen llenas. Un violinista con cara de póquer y un radiocasete viejo se plantaron en medio del vagón. El invierno, de Vivaldi. Indiferencia. Un hombre con un periódico desteñido lo miró con cara descontenta. Salió de la oscuridad, para encontrarse con más oscuridad. Pacifismo, indiferencia, conformismo. Un gris tenue constante; olor a agua. Avanzaba más deprisa. Se introdujo en un parque. Un camino de intermitentes árboles rodeándolo. Un cigarro; el humo se mezclaba con el agua, que caía con más fuerza y dureza. Otro reflejo. Semejante a un reflejo. Ella. Su andar. Su piel mojada. Su olor dulce. Su color vivo.

Beso.

Lost in Christmas

Algú s'hi sent identificat?
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Se estaba volviendo loco. Pero no se daba cuenta. No podía ni predecirlo. Salía a la calle, huía de nuevo, y sólo encontraba un mar de luces de colores; chispas artificiales. Carteles y señales se le echaban encima. Cuerdas de neón lo ataban coagulándolo sin remedio. Al volver a su refugio, sólo encontraba calor. Un calor dulce, adictivo, vicioso. Una droga.

Su caída se le aproximaba, su final. Como todos, se enfundaría en ése mar de consumismo, falsa felicidad, exhortación, persuasión. Su sentido racional se mezclaría con la nada, como el humo de las chimeneas en ésa lluvia gris.

No había tiempo. Ya ni siquiera quedaba esperanza. Las luces lo ahogaban.

En un último intento de salvación echó un grito al aire, que en vano, se perdió en ese mar de egoísmo. Fue demasiado tarde. Demasiado.




TheEastHighSchool



Mig parodiant les sèries actuals de televisió, on els diners i el luxe regalimen de cada episodi, neix aquest "microrelat", acompanyat d'una cançó que m'agrada molt, molt... [no és la versió original de The Virgins, però aquesta s'adiu molt més!]
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De vuelta a Nueva York, en mi taxi, pude volver a ver brillar las luces de la ciudad que tanto y tanto me enamoran. Esta vez, pero, puede que me viera atraído por algo más que las luces habituales.

En el East High School estábamos de estreno. Alice Hannygh, una jovencita venida de Inglaterra había puesto los pies en nuestro instituto para crear el caos en el deseo sexual de todos nosotros. Y sinceramente, no sé que me sedujeron primero, sus bucles dorados, o sus ojos cristalinos. Parecía el típico tópico de mujer 10. Pero no lo era. Era mucho más.

Pronto empezamos a conversar, charlar y quedar en su residencia del Upper East Side; yo me hacía más adicto a ella, y a ella cada vez le gustaba más.
En la terraza del HighCastle, al lado de Central Park tuvimos nuestro primer, gran beso.

En el instituto, los Pradas de ellas eran sus armas de fuego, para nosotros, ellas eran nuestra tarjeta de identificación. Mi tarjeta, era de envidiar, y pronto me acostumbré a ello.

Pero en el colegio más pijo de la ciudad, hasta el amor tiene un precio alto, y como en las grandes empresas, gana quién ofrece mejor competencia, fuerza, y poder.
Alice Hannygh apareció un día enrollándose con Matthew Form, mi compañero de clase; sus ojos se rompieron en mil pedacitos, igual que mi corazón.
Pero en un mundo tan dulce como el nuestro, es fácil que te suba el azúcar.
Así que para qué preocuparse, lo que no haga el destino, lo hará el dinero...




Silencio.


Ernest Hemingway dijo una vez: "Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar".

Ahora el mundo quedaba muy lejos de todas las palabras de más; de todas las citas y todos los refranes, de la poesía, del arte escrito, del oral, de los libros y bibliotecas y librerías y escritores... Ahora el mundo era un agujero negro para todos los motes; y los humanos, ingenuos y conformistas, se habían acostumbrado a esa sociedad que sin querer, ellos mismos habían creado.

Ahora no había música; había ruidos y golpes extraños, y melodías raras a las que todos respondían con movimientos consecutivos y repetitivos de cabeza; pues ya no había baile.
Pintura no, arte moderno, abstracto, "feo".

Conversación por televisión.
Televisión, por más televisión.

La publicidad se había convertido en el modo más directo de persuasión del receptor, y se había apoderado de todos y todos los medios audiovisuales a los que antes la soledad y el aburrimiento acudían.
Pero es que la soledad, había dejado de existir; pues ya no había motivos para sentirse solo, si en todo momento, una pantalla de luces irrumpía nuestra intimidad por personajes virtuales.
Con ello, también desapareció la tristeza, la felicidad, y el amor, el amor....

Las parejas se juntaban por procedimientos matemáticos, la atracción se fundía en un mar de gritos, y la sexualidad sólo estaba presente en aquellos míseros minutos que el mundo dejaba sitio a la noche, a lo poco que quedaba de natural, de lo racional, de la verdad...

Y a pesar de todo el ruido, los gritos, los sollozos de un espectro inexistente y los diálogos de nadie;

en el mundo sólo quedaba silencio; un silencio crudo, blanco, apersonado, cual un nudo en la garganta permanente.

Sólo éso: Silencio.

"David despertó de un sueño sucedido en un futuro indeterminado; estaba empapado en sudor frío; sus fracciones se mantenían tensas. Echó un vistazo a su ventana; el mundo seguía en pie; a X metros un televisor resonaba en el silencio; David se levantó, lo apagó y se volvió a dormir."

Recuerdo.

Recuerdo los tiempos en los que el sol era más amarillo y las flores más vivas; recuerdo ésa sociedad anómala que inventé; recuerdo todo como un camino fácil, recto y aburrido.

Y en ese recuerdo, todo es tan diferente que analizando cada milimétrico detalle se halla el caos; el desorden.

Y en mi recuerdo no hay presencia del dolor; el negro se vaporiza en esa atmosfera gris; y el viento se lo lleva todo, todo; el mismo viento que se llevó mi recuerdo.

Pienso en esas notas de esa canción que nunca existió; y al hacerlo, se me deshace la existencia en pedazos y pedazos de agua, pero congelada, vuelve a su estado sólido e inerte.

Y mi recuerdo a veces desaparece, pero puedo hacer que vuelva, y así lo protejo de aquellas pesadillas que se quieran apoderar de él, y llevárselo, y ocultarlo.

Y de los fantasmas y maldades inmateriales que podrían dañarlo, sólo lo inmaterial, porque no deja de ser un recuerdo, y no lo podemos tocar las personas;

Y cada día pienso en él,

Y cada día se acerca más, aunque el viento se llevara su esencia;

Y entonces, me doy cuenta de que es un recuerdo, un espectro del pasado; una vaga ilusión de aquello que un día me hizo feliz; pues al crecer uno deja de sentir ésos recuerdos como parte de la realidad paralela, i te limitas a vivir, pensando en aquellos recuerdos que aún no has vivido, y enamorándote de los que pasaron (porque de los otros, siquiera te acuerdas) y vives, y te limitas a vivir:

Sólo Vives, pues lo demás, es sólo un recuerdo.


Jo, el Llop

Perquè sempre ella? Sempre és la capuntxeta vermella qui protagonitza el conte. Però, i si tota la història fos fruit de simples interessos? I si el succés no fos el que diuen que va ser? Aquesta és la història que tots nosaltres coneixem, explicada d'una manera bastant diferent. (La fotografia és meva, photoshopada).
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Era un dimecres, 21 d’Octubre de 1854, quan el meu nom va esdevenir llegenda. Hom explica el succés com una eina didàctica, pedagògica; com és en realitat, un conte.

Ella es va emportar el mèrit del nom; jo em vaig quedar el tòpic. El tòpic d’antagonista: res més, res menys. El dolent de la pel•lícula, del conte; jo sóc només l’ombra que dona sentit a la llum. Potser els meus remordiments cauran en l’oblit, i potser el meu nom, i fins hi tot el meu ésser, la meva existència; però encara que altres se n’aprofitin, jo sempre conservaré la meva visió de l’acte.

Recordo un dia de gana, molta ,molta gana. L’hivern al bosc es fa molt difícil. La falta de recursos, a causa del fred i les pluges incita als éssers i habitants a buscar opcions alternatives per a subsistir, i aquella casa era un blanc tant perfecte, que les meves temptacions alimentícies no es van poder resignar. Aquella anciana tenia ja 70 anys, i molt poques de viure.

Podria haver-me menjat a qualsevol altre ésser del bosc, però hauria estat de totes maneres una mort completament innocent.

El fet que a poques passes hi hagués algú, amb poca vida, amb molt poc a perdre, va ser un camí de bona fe, una opció més; i la vaig aprofitar, sense ser conscient del perill que acabaria suposant.

No va ser una mort macabra ni dolorosa; però va morir. L’anciana de 70 anys ni se’n va adonar, no va tenir temps ni d’enyorar el bonic que és ser viu. Hi ha qui diu que uns caçadors em van obrir la panxa i ella en va sortir viva: mentida; un simple truc per rebaixar-me encara més.

Ella va arribar poc després del succés. És cert, portava una capa vermella, amb la caputxa mig posada al cap. El conte no ho menciona, però aquell era un dia de pluja.
El diàleg entre ella i jo va ser pausat. Marcat. Jo estava nerviós i ella també, però em va semblar que aquelles preguntes absurdes (quins ulls tant grans, quines mans tant grans, quin tot tant gran...) van ser fruit d’un instint vacil•lant de la noia.

El cas és que jo no li vaig voler fer mai mal a ella, però es va fer la víctima, i clar, va quedar com l’heroïna de la història; no em molesta, a mi m’era igual.

El conte diu que jo vaig morir al final. Mentida, però és l’excusa per enganyar als nens petits de que els dolents sempre reben. I una altra mentida.

Ara toca esperar, els anys avançaran com sempre ho han fet.

Un dia, no gaire llunyà, els dolents dels contes seran analitzats com en aquesta història jo ho faig de mi mateix, però fins llavors, seguirem enganyats, de pares a fills, d’avis a nets, de generació a generació, fins al final.

Fins al tipificat i repetit final feliç. Final que molts mai hem tingut.